Antecedentes

La creciente diversidad de los miembros de nuestras comunidades universitarias, así como las barreras que impiden la participación en el aprendizaje de todos y cada uno, generando situaciones de exclusión, bajos niveles de cobertura y en algunos casos, deserción temprana, han hecho de este durante los últimos años, un importante tema de preocupación y debate.

Cifras tan preocupantes como en el caso de la población indígena, quien, de acuerdo con datos suministrados por el Departamento Nacional de Planeación en el 2004, se estima a 2001 en cerca de 785.356 personas, de las cuales, según datos del Ministerio de Educación para el año 2002, sólo 103.2 por cada mil colombianos logra ingresar a la educación superior , o el caso de las personas en situación de discapacidad, quienes según datos del DANE de Octubre de 2006, ascienden a cerca de 3 millones de colombianos de los cuales sólo el 1% ha terminado estudios de educación superior.

En tal sentido y si bien, resulta difícil lograr un consenso respecto a lo que significa ser una “universidad incluyente”, al analizar las distintas perspectivas o enfoques que hoy coexisten del término inclusión, lo que se pone de manifiesto es su carácter polisémico y multifacético; coincidiendo sin embargo, en que cada una de las perspectivas existentes del término, tiende a poner el énfasis en algún aspecto concreto, desembocando no obstante todas ellas, en prácticas y proyectos orientados a conseguir que la educación contribuya firmemente a la reducción de los procesos de exclusión social en los que se ven envueltos ciertos colectivos en situación de desventaja y, con ello, a equiparar sus oportunidades para contribuir, finalmente, a su bienestar personal y social

Por ello, incorporando la diversidad como dimensión de calidad y pertinencia de la educación superior y con el fin de posibilitar el que las universidades comiencen a contemplar el tema de la inclusión en su agenda de trabajo, en el 2007 el Ministerio de Educación y la Asociación Colombiana de Universidades – ASCÚN – firman el convenio marco No. 299 de 2007 y llevan a cabo en agosto del mismo año el foro internacional “Un camino hacia la educación superior inclusiva” al cual fueron convocadas aquellas Universidades que desde sus procesos misionales, han venido implementando estrategias en favor del ingreso, permanencia y graduación de poblaciones vulnerables como los indígenas, los afrodescendientes, las personas en situación de discapacidad, las personas de zonas alejadas, víctimas de la violencia, entre otras.

Resultado del evento, el Ministerio selecciona a cuatro instituciones, quienes en el marco del convenio adquieren el compromiso de replicar sus experiencias en aquellas universidades interesadas en el tema, posibilitando igualmente procesos de sinergia institucional a partir del intercambio de experiencias para la solución de dificultades similares y generando espacios para futuros proyectos conjuntos.

Este es nuestro reto y nuestra invitación; intercambiar conocimientos y experiencias para revertir esta situación, promoviendo el avance conceptual, político y práctico con miras a hacer de nuestro sistema de educación superior un verdadero espacio de inclusión social.

Educación Superior Indígena en Colombia, una apuesta de futuro y esperanza. IESALC – UNESCO. Editorial Universidad de San Buenaventura (Cali). Julio de 2004

Educación para la inclusión o educación sin exclusiones. Gerardo Echeita Sarrionandia. Ciudad. Editorial Nancea. 2006. p. 76.